viernes, 19 de diciembre de 2008

Una Vida de Oración

1 Timoteo 2:1-8

1. Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres;
2. Por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
3. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
4. El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
5. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre,
6. El cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.
7. Para esto yo fue constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo no miento) y maestro de los gentiles en fe y verdad.
8. Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contiendas.

INTRODUCCIÓN

En estos versículos vamos a descubrir la importancia de la oración en la vida de aquellos que tienen un compromiso en la obra del Señor. Vamos a estudiar por quién, cómo y porque orar. Sabemos que si clamamos, Dios nos oye (Jeremías 33:3), y solamente tenemos que esperar (Salmo 40:1) en el tiempo de Dios (Eclesiastés 3:1). Que nosotros luego de este comentario podamos estar conscientes de la importancia de la oración en nuestras vidas y en nuestro ministerio. A demás, no nos olvidemos de la recomendación bíblica “Orad, sin cesar” (1 Tesalonicense 5:17).

I. LA EXHORTACIÓN v.1

1. Ante todo. El apóstol estaba consciente de la importancia de la oración y luego de empezar su carta a Timoteo, estableció como prioridad para una buena vida, las rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias. Cuando Jesús fue ascendido los discípulos quedaron en oración (Hch. 1:14). La iglesia en momento de dificultades hacía oración (Hch. 2:5), el propio Pablo cuando se convirtió comenzó por el camino de la oración (Hch. 9:11), por eso ANTE TODO debe venir la oración. Como dice la palabra, debemos orar sin cesar (1 Te. 5:17), insistir (Lc. 18:1), y hacerla con fe (Stg. 1:6). Una iglesia que no ora está muerta, tiene nombre de qué vive, pero no está (Ap. 3:1). Un obrero que no ora no ve resultados en su ministerio por qué no se acerca al Todopoderoso.
2. Las partes de la oración. La oración puede ser dividida en dos partes principales; Petición y gracias. En toda la Biblia vemos la importancia de pedir por medio de la oración (Mat. 6:11), sin embargo las “acciones de gracias”, que involucran la adoración, es indispensable en una oración completa (Col. 4:2). No debemos fijar nuestra oración solamente en lo que queremos o necesitamos, más también en agradecer por lo que, por seguro, Dios ya hizo en nuestras vidas.

II. EL BLANCO v.2

1. Por todos los hombres. Habla de absolutamente todos. Los vecinos, los colegas de trabajo, la familia. Tenemos un deber de orar por todos aquellos que no conocen al Señor Jesucristo, por las naciones (Sal 2:8), por las ciudades (Jer. 29:7), por los que nos hacen mal (Mat. 5:44) y nunca desmayar (Lc. 18:1-8).
2. Por los que están en eminencia. La oración por las autoridades, involucra la obediencia (Ro. 13:1), para que el mundo vea que nosotros somos fieles discípulos de Cristo.
3. Piedad y honestidad. La oración solo tendrá el efecto que deseamos de Vivir “quieta y reposadamente” si hubiere en nosotros testimonio de que somos cristianos. Piedad ayudando al prójimo, de esta manera estaremos ganando la admiración de los no cristianos, y honestamente para que no sea hallado en nosotros tropiezo (Mat. 18:7). A fin de agradarle en todo “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Señor”v.3, y solo así tendremos respuesta para las oraciones (1 Jn. 3:22).

III. EL PROPOSITO v. 4

1. Por medio de la oración. Vemos por este versículo que la oración mueve el corazón de Dios en función de la salvación de aquellos por los cuales oramos. Si oramos mucho, tendremos muchas almas, si oramos poco, pocas tendremos. Debemos orar por “Todos los hombres” a fin de que conozcan la palabra de vida eterna.
2. Quiere que todos los hombres sean salvos. La Palabra de Dios es enfática al afirmar que Dios tiene como propósito primario la salvación de todo el mundo (Juan 3:16). Dios no se complace en la muerte del impío (Ez. 33:11), y no vino al mundo para juzgar y si para que el mundo fuese salvo por él (Jn. 14:27).
3. La verdad. El conocimiento de la verdad es la manifestación de la verdad: Jesucristo (Jn. 14:6). Es necesario que todo el mundo oiga esto antes de la venida de Nuestro Salvador, para arrebatar su pueblo (Jn. 24:14). La palabra es la verdad (Jn. 17:17). La palabra manifiesta a la humanidad, los designios de Dios.

IV. UN MEDIADOR v.5

1. Jesucristo. Diferente de lo que la mayoría de nosotros aprendió, la Biblia nos presenta solamente un mediador entre Dios y los hombre. Jesucristo, que mismo siendo Dios (Is. 9:6, Jn. 1:1, Tit. 2:13, 2 P. 2:1), se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo (Fil. 2:7), para sufrir por nuestros pecados. Nadie más puede interceder por nosotros, si no, nuestro abogado (1 Jn. 2:1), mayormente imágenes de personas que ya murieron, pues tras la muerte sigue el juicio (He. 9:27), imágenes que nada hacen (Sal. 115:4-7). Nuestro Señor Jesucristo es el único que venció la muerte (2 Ti. 1:10) y por su propio poder (Jn. 2:19).
2. El cual se dio a sí mismo. Nuestro Señor Jesucristo es Todopoderoso (Ap. 1:8) y necesitamos conocer dos factores importantes de la fe cristiana: a) Jesucristo resucitó por su propio poder (Jn. 2:19, Jn. 10:17), junto al Padre y al Santo Espíritu, por eso él es Dios. b) Nadie quitó la vida de Jesús, él mismo la dio por amor a nuestras almas.
3. Constituido predicador y maestro. Los dos pilares del ministerio apostólico. Hoy en día Dios está levantando hombres comprometidos con estas dos responsabilidades; predicar y enseñar, a final, esta fue, la más importante tarea dejada por el Señor para la Iglesia: PREDICAR Y ENSEÑAR (Mat. 28:19,20).

V. COMO Y CUANDO ORAR v.8

1. En todo lugar. No debe haber un lugar único para orar, debemos hacerlo siempre, y en todo lugar (1 Ti. 2:8). En medio a las batallas (2 Cr. 20:3), en medio a un gran dolor (Hch. 16:23-25), en los momentos de persecución, de gran aflicción (1 Samuel 1:3), Templos (Mat. 21:13), habitación (Mat. 6:6), en la cruz (Lu. 23:34,46), en la muerte (Hch. 7:59), para llegar en los cielos necesitamos orar.
2. Levantando manos santas, sin ira, ni contienda. A) Santidad. Es un punto importantísimo en la oración, sin ella nadie verá a Dios (He. 12:14) y debe ser practicada en todas las esferas de nuestras vidas (1 Tes. 5:23). B) Sin ira. Es imposible que Dios conteste a un corazón airado, que no perdona, que no olvida. Nosotros debemos practicar el perdón como antídoto a la ira, incluso para tener también el perdón de nuestros propios pecados (Mat. 6:14). C) Contienda. Señal de carnalidad (1 Co. 3:3) la contienda es lo opuesto de la Unidad. Dios quiere su pueblo unido, hablando la misma cosa (1 Co. 1:10), para que el mundo vea que Dios envió su hijo para salvarlo (Jn. 17:23).

CONCLUSIÓN

La oración es esencial en la vida del cristiano, en la vida del obrero y de la Iglesia. Jesús fue nuestro mayor ejemplo en oración (Mr. 1:35), seguido de sus discípulos y apóstoles (1 Tes. 3:10). No podemos menospreciar esta tan gran arma que Dios entregó en nuestras manos, por medio de la cual podemos batallar y vencer el enemigo. Volvamos a nuestros principios y vivamos cual la iglesia de los tiempos bíblicos y jamás dejemos las llamas apagar (1 Tes. 5:19).

ACMN.

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