sábado, 17 de agosto de 2013

¡Deje de Huir!


A veces sin darnos cuenta y muchas veces conscientes, una de las cosas que más hacemos a lo largo de nuestras cortas vidas es huir. Huimos por tristeza, por vergüenza, por subestimarnos, o por súper estimarnos, porque no creemos, porque nos va la esperanza, y por muchas otras razones. Pero seguramente la razón por la cual más huimos durante toda nuestra vida es el miedo. El miedo es uno de los sentimientos más fuertes y cuyas consecuencias son casi siempre negativas. El miedo nos priva de ir adelante, el miedo nos impide de alcanzar la victoria, tenemos miedo de errar, de no acertar, de no poder, de no ser capaces, de ser lastimados o de inflamar heridas. Con el miedo nunca podemos vencer y como es por demás difícil vencer al miedo apenas nos toca huir. Tal vez usted en este momento esté huyendo de algo, de alguien o de sí mismo. El salmista dijo: “No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. Hace muchos años atrás este hombre de Dios descubrió que el único antídoto eficaz contra este terrible enemigo, el miedo, es la presencia de Dios. Pero durante mucho tiempo el ser humano buscó lo divino y frustrado no lo pudo hallar. Hasta que vino Cristo, y Dios se “acordó” del hombre y abrió un camino hacia Él. Ese camino no es otro si no Jesús. No importa su pecado, no importa su error, sus defectos o fallas, si usted puede creer, Jesús puede perdonarle y hacerle más que vencedor.  Cuando somos perdonados por Dios, ya no tenemos que huir, Cristo está con nosotros, el miedo se nos va, lanzamos sobre Él nuestros temores y podemos tener una nueva vida.
Ore conmigo: Jesús, estoy cansado de huir, quiero tu presencia, ya no quiero tener miedo, quiero tu paz, quiero ser más que vencedor, confío solamente en ti, llévame al Padre y muéstrame el camino hacia el éxito. Amen.
 
Misionero Assuero Chagas do Nascimento

viernes, 9 de agosto de 2013

En esos momentos vaya al refugio.



 Sin saber qué hacer, que pensar, que hablar. Son momentos, pero a veces parecen una eternidad. En esos lapsos de tiempo quedamos vulnerables a ideas que ni siempre son constructivas y a sentimientos que ni siempre son saludables. Nos flagramos en un estado de ánimo empobrecido por nuestras mismas debilidades… Cuando eso esté sucediendo, no se prive de la gracia y con premura ¡vaya al refugio!
 
David declara que el Señor es “Refugio para el tiempo de angustia”.
 
Sin embargo hizo esa declaración en uno de los momentos más difíciles de su vida cuando enfrentaba la muerte de su hijo de pocos días de nacido. El vacío, el dolor, un sentimiento de desubicación y mucho más, todo mesclado, era el caldo perfecto de la angustia. Un campo fértil para la depresión. Pero David no se permitió abatir y volverse rehén de su dolor, mas fue al refugio, creyó en el que le podía de alguna forma sacarle de la aflicción. Su oración hasta hoy es muy actual:
 
 
“Ten misericordia de mí, Jehová; Mira mi aflicción que padezco a causa de los que me aborrecen, Tú que me levantas de las puertas de la muerte”
 
Haga hoy lo mismo y vaya al refugio usted también, no importa las tempestades que tenga que pasar, refúgiese, no importa el frio hipotérmico, refúgiese, no importa la tristeza, apenas dese una oportunidad de ser guardado por los brazos del Creador… El Señor Jesucristo le protegerá en la aflicción y le hará superar la crisis conduciéndole siempre.
Misionero Assuero Chagas do Nascimento